Adelaida López Marcos,

RELATOS DE SABADO CON ADELAIDA LÓPEZ MARCO

3/08/2014 10:56:00 p. m. Maria Esther Borrero Calderita 0 Comments


      Aunque la semana pasada fue un poco rara porque hubo algunas secciones que no puse, esta semana y poco a poco iremos retomando la marcha del blog, como hoy es Sábado , hoy nuestro relato aunque la verdad esta semana no tenemos un relato en cuestión, esta semana tenemos poemas, de parte de nuestra participante en Libros-blog Anescris, esta semana tenemos con nosotros Adelaida López Marco.


ORIOLANO


Los barrotes te llevaron
al camino de tu casa,
valiente calzo dejaste
como tus  heridas abiertas en palabras.

¡Cómo me duele haberte perdido hermano!
hermano mío eres, ¡sí!
de alta cuna Oriolano.

Fuiste grava y piedra,
fuiste voz y cuna ¡hermano!,
fuiste losa y tierra,
fuiste de alta cuna ¡Oriolano!

Fuiste al silencio de la perpetua condenada
que apretaba su voz
contra tu pecho y heridas de piedras.

Tu mirada entre estas paredes
son heridas que te deben,
donde abrirán esas puertas de grietas
y tus palabras que reposan junto a ellas
¡se irán de su celda!
junto a tu voz
¡sin ser garganta desecha!.

¡Cómo me duele haberte perdido hermano!
hermano mío eres ¡sí!
de alta cuna Oriolano.



¿QUE LE DIGO A MIS OJOS, PADRE?


¡Padre!, mis ojos preguntan por ti,
¿qué les digo yo a ellos?,
¿qué le digo a mi alma,
que se consume en medio de su lava?

¿Y a mis manos?, que se humillan
con el gran peso de tu vacío.
¿Y a mi cuerpo?, mi cuerpo es cobarde
ya no es capaz de levantarse.

¡Ay mi lomo!, ya no siente pertenecer
a ningún rincón de mi cuerpo.
Con mi pecho descubierto
me estoy dando de golpes
al recordar tu abrazo,
que ha partido tanto mi alma noble.

Me duele verte aquí tirado,
entre las madrugadas de los eneros,
de los febreros,
con la espalda cubierta y los ojos apretados.

¿Qué les digo yo a mis marzos?
¿Y a ellos?,
¿qué les digo yo a mis ojos de los abriles y mayos?

 ¡Me encojo padre!
y se me encoje el aire,
me abro el pecho gritando tu nombre.

Que alguien se apiade
y te deje escucharme cada vez que te llame,
para que la tierra  me deje de rugir
y me sequen estas lágrimas que gritan tu nombre.

Me parto el pecho con las manos,
mi cuerpo,  mi lomo, ¡todo!
  
¡Padre!, me duele verte aquí tirado,
entre las madrugadas de algún enero,
con tu espalda cubierta y los ojos apretados.

¿Qué les digo yo a mis ojos?
¿Cómo les digo a mis ojos abiertos
 que no verán más a los tuyos cerrados
algún día de algún mes o de algún año?


EL SILENCIO DEL ROBLE

          Si alguna vez me hubiesen preguntado
cuantos idiomas soy capaz de hablar,
les diría que el materno
lo escribo con el lenguaje de mis rotas uñas,
que han demostrado ser fieles brochas de pintores.

Nunca he sido tan creativa con la madera,
tallando y rasgando mi sentencia,
segundo a segundo,
¡se puede palpar entre el rojo de mis huellas!
que llevan mi latido y la rabia
en una caja de madera.

¿Hay alguien ahí?,
¿alguien me oye?,
 ¡no!
¡nadie puede escuchar el silencio de un roble!.

Si alguien me hubiese preguntado alguna vez
cuál era el olor  que más odiaba,
le hubiese dicho inmediatamente:
¡el olor del azufre, mezclándose con las flores frescas!.
Es un olor muy amargo,
¡rancio!, con seda salvaje vieja y de encaje.

 ¡Cómo me pinchan estos alfileres
desgarrando mi carne!.
 ¡Cómo me queman estos ojos
deshaciéndome por sentir llegar tarde!,
 como si  me masticasen a mordiscos,
¡no soy capaz de gritar con mis  labios cosidos!

¿Y mis brazos?, 
¡y que decir de mis manos!,
¿cuándo se han cerrado estas manos
sintiendo ser buffet
rodeada de madera y gusanos?
   
Soy la hija nacida
del vientre robado de la vida,
ahora madre viene a buscarme.
Entre  losa y flores que reposan
quedé atrapada en los patios vacíos,
porque nadie ha podido escucharme
         entre el silencio de un roble.                 

Adelaida López Marco@


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